Gerardo Manzano: Viento en cola para la aviación privada

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En un artículo publicado en AEGVE (Asociación Española de Gestores de Viajes), Gerardo Manzano habla sobre el impacto de la crisis del covid-19 en el sector del transporte aéreo y de las múltiples ventajas que brinda la aviación privada.

El transporte aéreo ha experimentado múltiples y profundos cambios en los últimos 25 años que le han convertido en un medio de transporte masivo y preferente para millones de pasajeros en el mundo. Los datos ofrecen crecimientos de tráfico exponenciales mantenidos a lo largo de los años. Este universo se ha generado, en gran medida, gracias a la feroz “competencia”, término aplicado tanto a la competitividad entre los diversos actores como a la eficiencia y optimización de la gestión de la inmensa mayoría de operadores aéreos.

Uno de los frutos de esas “competencias”, es la excelente y tupida red de conexiones aéreas que ofrecen millones de rutas perfectamente conectadas con múltiples horarios que permiten prácticamente una infinita movilidad de pasajeros. Inmensos mapas de rutas que se multiplican además a través de acuerdos, códigos compartidos o alianzas globales entre aerolíneas en los cinco continentes.

El mismo argumento se aplica al atractivo y en ocasiones casi increíble nivel de precios que las aerolíneas, de toda índole y condición, ofrecen en la lucha para captar la atención de pasajeros para ocupar uno de los asientos que con gran esfuerzo y dedicación ofrecen casi siempre coincidiendo con varios competidores con el mismo objetivo. Precios que provocan que el transporte aéreo resulte por lo general el más agresivo en precio de cuantos estén disponibles para cubrir una determinada ruta.

Todo esto ha venido ocurriendo delante de nuestros ojos sin que, como usuarios, pasajeros o no, hayamos sido conscientes. Tampoco se evidencian rastros de que ese idílico escenario para los consumidores haya sido hasta la fecha valorado en su justa medida. Pero la crisis sanitaria mundial a la que nos venimos enfrentando nos va, irremediablemente, a obligar a prestar una mayor atención a este, hasta el momento, commodity porque va a dejar de serlo. Se va a esfumar, si no lo ha hecho ya, de nuevo sin aviso y sorpresivamente.

Los condicionantes a los que nos hemos venido sometiendo a causa de la crisis sanitaria han comenzado a relajarse y las autoridades nos transmiten optimismo asegurándonos la pronta aparición de una vacuna que nos permita iniciar el camino de regreso a donde nos encontrábamos cuando la pesadilla comenzó. Desconocemos la agenda y las etapas de ese camino, pero evidentemente, padeceremos una crisis económica que ya ha comenzado a dar las primeras señales y que será igualmente devastadora o incluso más que la sanitaria.

Muchas actividades y sectores se han visto afectados gravemente y el horizonte que se puede anticipar no es en absoluto optimista en general. El transporte aéreo se encuentra entre los más dañados. Las aerolíneas llevan años luchando para ser competentes y competitivas. Expuestas a factores como las variaciones del precio del combustible, nuevas normas y legislaciones para favorecer preferentemente al usuario y un largo etcétera de circunstancias que muestran un acumulado en sus cuentas de resultados paupérrimo especialmente si lo evaluamos en función del valor de la inversión y del riesgo empresarial.

En estas condiciones muchas de las aerolíneas que conocemos, pronto habrán desaparecido arrastrando tras ellas parte de la oferta de vuelos que estaban disponibles. Las que mantengan la actividad se verán obligadas a ajustar sus flotas en servicio, a evaluar las rutas a mantener y a reducir las frecuencias en función de la rentabilidad. Algunas noticias en esa línea comienzan a aparecer en las noticias.

Este nuevo orden mundial en cuanto a la oferta disponible para viajar va a tener por supuesto consecuencias económicas de importancia y afectará a nuestros usos y costumbre tanto personales como profesionales porque tardaremos un tiempo, aún desconocido, en tan siquiera acercarnos hasta el modelo que disfrutábamos hasta principios de este año; veremos si lo recuperamos en el futuro.

Nuestro tejido empresarial está gravemente dañado en el sector servicios y se han anunciado medidas supuestamente de ayuda y apoyo. Medidas que son opinables y en muchos casos discutibles, pero que, al menos, están sobre la mesa. Por el contrario, el sector industrial y productivo es menos visible en los medios salvo para recordar la letanía de que debería estar mejor proporcionado respecto al de servicios para dotar de robustez a nuestra economía.

Este sector basa su existencia, en gran medida, en la internacionalización ya sea de su cartera de clientes o en sus procesos de fabricación, lo que le hace depender enormemente de las propuestas de movilidad disponibles. Es decir, está encerrado y paralizado desde mediados del pasado mes de marzo y va a continuar sufriendo aún durante bastantes meses si no años. Como en el título del famoso libro de Spencer Johnson ¿Quién se ha llevado mi queso?, las más de 3.000 empresas españolas con implantación en el exterior y las más de 52.000 que exportan regularmente se preguntan ¿Dónde están los vuelos que hasta ahora estaban disponibles para viajar a cualquier destino? ¿Cómo puedo llegar ahora a mis clientes, proveedores o plantas de producción y fabricación?

Afortunadamente existen soluciones, poco conocidas en nuestro país, pero soluciones accesibles y que sorprenderían por resultar en algunas circunstancias también asequibles. La respuesta la proporciona la denominada aviación privada. Una alternativa de viaje totalmente a medida que se ajusta a cualquier necesidad y que conjuga múltiples valores y ventajas. Propuestas de valor que siempre han estado presentes por la propia definición de la propuesta y que ahora además incorpora la seguridad sanitaria como gran valor añadido adicional. Una opción de transporte especialmente dirigida a directivos y empresarios con agendas ajustadas, múltiples obligaciones y dispersión geográfica de destinos de interés por motivos profesionales o personales. Personas para las que el tiempo es su bien más escaso y por tanto conocen el valor que supone estar donde hay que estar y cuando hay que estar.

Hemos aprendido que la tecnología es una herramienta que nos ayuda en el día a día, pero hay labores y obligaciones que únicamente son posibles con presencia física de los protagonistas. Las empresas españolas y especialmente las de los sectores industriales no pueden permitirse el lujo de perder su posicionamiento internacional y hay opciones de movilidad disponibles, solo hay que contactar con los profesionales adecuados para conseguir soluciones al desafío en el que viajar se ha convertido.

Puede leer el artículo en www.aegve.org